ANTROPOLOGÍA DEL CUERPO MODERNO

Osvaldo Sánchez
Catálogo editado por el FONCA y Galería Acceso A, 1999

La fotografía de Marianna Dellekamp nos abre al campo ciego del cuerpo, asumiendo su naturaleza como un sistema de tubos comunicantes para un deseo siempre fugaz, preso en sus pesos específicos, como líquidos dentro de líquidos, capaces de registrar un espacio mínimo donde algo incierto se diluye. Y ese territorio usualmente ha funcionado en Marianna como una borrosa marca de identidad –identificable, en el caso de sus autorretratos en agua— o como un sello registrado a través de la asepsia clínica de los fluidos corporales.

Las intervenciones que en forma de canon constituyen la narrativa de estos cuerpos —cuerpos que se sueñan a sí mismos—, tienen en la virtualidad su bisturí y en cualquier escaparate comercial o canal televisivo o revista, su quirófano. Las personas entrevistadas para este proyecto calcan en su imaginario el deseo de ser diferentes; es decir, encarnar la Perfección. ¿Cuál? ¿Acaso será esta obsesión por tener acceso a lo divino —al menos a través de lo bello encarnado— alguna herencia de nuestros antepasados los grecolatinos? Todavía dentro de esa angustia griega oíamos a Constantino Cavafis sancionar: “No es de los nuestros, ni bello”. Tal vez la única diferencia hoy día con los rigores de otras épocas —por ejemplo con las pautas corporales establecidas por una corte fastuosa e implacable—, radique en la omnipresencia con que nos observa ese canon en la actualidad. Canon de lo divino, cuyos requerimientos evalúan nuestro acceso social, y que hoy dictamina como una voz sin rostro.

La industria de la apariencia tiene como soporte no sólo el cuerpo bulímico de las estrellas… sino que su poder se fragmenta y rige a través de la facturación billonaria de las campañas publicitarias, la industria de la moda y el modelaje, todo Hollywood, los emporios de revistas y semanarios que se disputan las sutilezas de este registro, las Casas Reales, e incluso la imagen pulida y up-to-date de las campañas políticas.

El procedimiento de Dellekamp al digitalizar el implante y tomar al cuerpo real como materia bruta o soporte sobre el cual intervenir, es ni más ni menos el proceso técnico con que opera en la actualidad cualquier proceso de remodelación: casas a amueblar, narices masificadas de Barbie, senos de silicona de nuevas jóvenes Lolobrigidas, falos fascinados con la mirada magnificada de los videos pornos… y en fin: El cuerpo ha devenido un territorio erógeno indiferenciado, emblematizado como objeto de un deseo implacable. Bajo esta dictadura del porte y de la apariencia han florecido las crisis de autoestima que nos compulsan a ir de shopping. Un círculo perfecto.

La belleza como una construcción falaz que une —en conspiración macabra con el canon— a la Barbie con la Seño de las Quesadillas.