LÍQUIDO CORPÓREO

Luz María Sepúlveda

La obra de Marianna Dellekamp (México 1968) evoca lo que en primera instancia nos remite a algún misterio de la precreación: los fluidos que retrata son específicamente del cuerpo human y se les identifica como signos vitales: los líquidos fluyen, se condensan, se filtran, se derraman o emergen de un cuerpo vivo y permeable.

Las fotografías que conforman un “mosaico orgánico” no tienen un compromiso con la realidad exterior tal y como en los últimos años se le ha atribuido a la investigación del cuerpo humano, imprimiéndole un carácter político (cuestiones de raza, género o enfermedad) sino que como lo articula la artista “se trata de un reconocimiento del espacio interno… de la construcción del cuerpo a partir del líquido.”

Los fluidos si tienen materia, pero no cuentan con forma propia, sino que adquieren la del recipiente que los contiene. Además, los fluidos son difíciles de desechar; cualquier separación a la que les obliguemos no se podría dar de una manera 100% certera, mientras que de un sólido si nos podemos desprender o distanciar. Esta realidad revela cierta justificación por la repugnancia que sentimos hacia los líquidos interiores: si los desechamos es por que son sucios, son desperdicio, o simplemente, los atestiguamos como algo que nos cuesta disgusto por el horror que tenemos hacia lo desconocido.

Un aspecto un tanto desconcertante yace bajo la obra de Marianna:

Mientras las imágenes son sumamente atractivas a la vista, tanto en su colorido como en las texturas logradas, la narrativa a la que nos vemos arrojados está llena de asociaciones poco halagadoras o incluso siniestras. Tal será el caso de los retratos de líquido bronquial, medular, amniótico o la orina; mientras que otros fluidos son “limpios”: saliva, semen, leche materna o sangre. Sin querer, se establece una jerarquía en la que ciertos líquidos como las lágrimas, purifican, mientras otros, ensucian (vómito, puso o sangre menstrual). En las fotografías de Marianna no hay signos que revelan que estos fluidos, atributos cotidianos de la existencia intervienen directamente en las funciones de digestión o descomposición. Se presentan ante nuestros ojos de una manera sumamente seductora y de ahí el poco miedo que aceptamos al identificarnos con esos líquidos como parte integral de nuestra arquitectura vital.