UN MUSEO SIN MEMORIA

José Luis Paredes Pacho

Colección, El crimen fundacional
UNAM, 2013

“Soy un coleccionista de instantes”
Opiniones de un payaso. Heinrich Böll

“su singularidad absoluta […] es algo que tiene como campo el ser poseído por mí; lo cual me permite reconocerme en él como ser absolutamente singular. Tautología majestuosa, pero que constituye toda la densidad de la relación con los objetos, su risible facilidad, su gratificación ilusoria, pero intensa”.

El sistema de los objetos. Jean Baudrillard

Acumulamos. Simplemente guardamos cosas sin usarlas nuevamente, con la esperanza de poder algún día reconstruir la ruta que nos vinculó a ellas. Tarjetas postales de un viaje adolescente, cartas de amor, figurillas prehispánicas, fotos o suvenirs, incluso aquella servilleta donde nos anotaron un teléfono que cambió nuestra vida, atesoramos estos objetos creyendo que cada uno puede mantener el reflejo del instante que le dio sentido, retardar su olvido, contener el tiempo o salvaguardar el secreto que le dio origen. Acumulamos. Cuando guardamos cosas insinuamos recorridos futuros o retrospectivos por reinos sustitutos: mariposas, ranas de porcelana, obras de arte, libros, documentos. Con ello figuramos cartografías mentales que llamamos colecciones.

Coleccionar es nombrar. Crear una topografía de objetos que sólo puede recorrerse mediante un mapa preconcebido. Nombrar es clasificar que es jerarquizar que es colonizar. Creamos una nomenclatura, un sistema, no exento de absurdos. Y de pronto, confundimos el sistema con el mundo. Nuestro archivo es el mundo.

El museo es un edificio y el relato de sus colecciones. Su acervo es su razón de ser. El archivo del centro de documentación del MUCA Roma, en específico, fue creado ante la necesidad de generar una memoria de lo que sucedía dentro del Museo. Marianna Dellekamp decidió investigarlo a partir de la definición de colección del diccionario: “conjunto ordenado de cosas, por lo común de una misma clase y reunidas por su especial interés o valor”, pero encontró sobre todo una acumulación arbitraria de documentos. El acervo real no poseía demasiados materiales producidos para el recinto, carecía de una estructura temática o de una clasificación operativa. Más que un archivo, es un inventario de rubros heteróclitos. El MUCA tampoco ofrecía un sitio especial donde resguardar ni consultar dicho archivo, éste se amontona en la misma oficina donde despacha el curador de la institución. Por último, Dellekamp constató que, hasta la fecha de su investigación, el centro de documentación no había sido visitado por nadie. ¿Un museo sin memoria y un centro de documentación sin lematizar?

El cuerpo de obra de Marianna escrutina el objeto de arte, desde su producción, su diseminación y recepción, hasta su inserción en colecciones o archivos. El libro y el librero, como objetos, han sido frecuentes en sus piezas a nivel discursivo. Su proyecto Arquitecto y La Biblioteca de la tierra son los antecedentes de la pieza con la que Dellekamp participa en esta exposición.

Su intervención al Centro de Documentación del Muca Roma consiste en retirar todo el material que se encuentra en los muebles del archivo, para remplazarlos con bloques de hojas blancas que saturen los muebles. El inventario levantado por la artista se imprimirá sobre el lado expuesto de las hojas con tinta blanca. A su vez, los muros del Centro de Documentación, pintados de blanco, tendrán vinilos del mismo color donde se reproducirá la redacción del Proyecto Ejecutivo original del Centro, es decir, las justificaciones y el presupuesto para su creación. En ambos casos, el sentido de escribir en blanco sobre blanco es hacer ilegible la información.

 

Como la habitación donde se encuentra el acervo funciona como “oficina” del curador, la intervención congelará de alguna manera sus funciones; ya que el escritorio y los objetos de este personaje se dejarán en el estado en el que se encuentren el día que comience la intervención, hasta el tiempo que dure la exposición. Así, el espacio seguirá funcionando y siendo objeto de análisis al mismo tiempo.

Como derivado de este proceso, Dellekamp reflexionará sobre la enunciación que rige al recinto (Museo Universitario de Ciencias y Artes), atribuyéndole inevitablemente una serie de expectativas probablemente incumplidas. La artista trabajará con el semiólogo José Raúl Pérez con la intención de rebautizar el espacio, realizando un análisis de las cadenas de semiosis que se desprenden de cada una de las palabras que componen el nombre actual del Museo, para analizar así las relaciones intertextuales puestas en juego por la combinación de los términos. Paralelamente, realizarán una documentación de los espacios del inmueble que no son públicos, por ejemplo, la bodega, a fin de documentar relaciones intratextuales que se desprendan de las actividades de la institución. Las imágenes, los mapas conceptuales, las constelaciones de atributos e imágenes que se generen durante este proceso, serán incorporadas como parte integral de la pieza.

Si el documento es el museo y el museo el mundo, aquí la pieza de arte es el catálogo como valor en sí mismo. A la manera de una narrativa autorreferencial, impenetrable como un libro que solo puede hojearse, el catálogo de Dellekamp no nos permite llegar a los objetos porque es el objeto mismo, formal, acabado, cerrado sobre sí, cancelando su probable potencialidad generadora de conocimiento. En cambio, será sólo la huella de la huella de una expectativa. Transita de la obsesión por la sola acumulación a la sistematización discursiva como valor, donde la colección es la ficción fundacional del Museo.